lunes, 18 de julio de 2011

Fosa común de Gumiel de Izán (Burgos)

Todavía hoy algunos balazos parecen conservar intacto su poder destructivo. Durante las primeras semanas de este mes se exhumó una fosa común de más de treinta metros de largo y 59 cuerpos en Gumiel de Izán (Burgos). Allí los enterradores se esmeraron en esparcir cal sobre un grupo de ferroviarios, vinculados a la CNT y UGT, que fueron asesinados el 18 de agosto de 1936 es una de las que se barajan para poder llegar a establecer la identidad de aquellos muertos que yacen, uno detrás de otro, en un paraje conocido como La Legua. Los investigadores han establecido, a partir de las vainas de fusil y las balas rotas encontradas junto a los huesos, que muchos de ellos cayeron allí mismo de un disparo en la cabeza. Son esos balazos los que siguen resonando porque todavía no se sabe a quiénes se llevaron por delante. Se han encontrado un crucifijo, que pudo haber pertenecido a un franciscano de la zona al que trataban de rojo por criticar la miseria en la que vivían los campesinos, y un corsé ortopédico, que acaso perteneció a un maquinista de la estación de Aranda de Duero.
Las fosas con los restos de los que fueron asesinados por las fuerzas franquistas ha sido seguramente uno de los temas relacionados con la Guerra Civil que más presentes han estado en la sociedad española durante estos últimos años. Fueron muchos nietos de los que padecieron el conflicto los que, en un momento dado, preguntaron por sus abuelos. Y es ahí donde empezaron las respuestas vagas o los silencios y se hizo evidente, según cuentan muchos de los que se embarcaron en estos procesos, un miedo que seguía vivo en los supervivientes pese al tiempo transcurrido.

Los trabajos de exhumación de la fosa común localizada en el término de La Legua, situado en la localidad burgalesa de Aranda de Duero, que se dieron por concluidos, permitieron sacar a la luz los restos de 59 personas represaliadas en la Guerra Civil.
Así lo ha detallado el portavoz de la Asociación para la Memoria Histórica en la zona, José María Rojas, después de que una veintena de voluntarios pertenecientes a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y la Sociedad Científica Aranzadi, colectivos que promovieron estas labores de exhumación, trabajara en esta fosa común.
En un principio, según detalló Rojas, se pensaba que eran trabajadores del ferrocarril pero ese extremo está sin confirmar "ya que pudieran éstos encontrarse en otras fosas de la zona, en el Monte de Costaján o en el Montehermoso".
Durante el transcurso de los trabajos de exhumación, según detalló el responsable de la ARMH en la Ribera del Duero, se ha conocido que los cuerpos fueron llevados en seis tandas en una fosa que se realizó para albergar más muertos, pero luego parte de ella no llegó a utilizarse.
Las víctimas son todos varones y entre ellos hay dos menores de 20 años; además, han encontrado algunos objetos identificativos como una persona con un ojo de cristal, un crucifijo de grandes dimensiones y en otro esqueleto un corsé ortopédico.
En este último caso, según Rojas, se trata de un dato significativo ya que hay un familiar de una persona fusilada que detalló que en el momento de su desaparición llevaba un corsé ortopédico, por lo que se ha tomado muestras de ADN para cotejar los datos.


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