martes, 21 de agosto de 2012

Théo Francos, eterno luchador (1918-2012)

                                                                                                        

 Théo Francos, nos dejo el pasado el pasado 2 de julio. Tenía 98 años y una historia que no morirá nunca. Era una leyenda viva del compromiso eterno en la lucha por la libertad, contra el fascismo y en pro de una sociedad justa.
Hijo de emigrantes españoles, nació en Fontihoyuelo (Valladolid), en 1914, pero vivió casi toda su vida en Francia, en Bayona. Allí fue al colegio hasta los 12 años. A los 16 se afilió a las Juventudes Comunistas. Con 22 llegó a Madrid para luchar en la Guerra Civil del lado de los republicanos. Se unió al quinto regimiento, con otros franceses y también belgas, muchos atletas llegados el 17 de julio de 1936 a Barcelona para participar en las Olimpiadas Populares organizadas como respuesta al boicot que en los Juegos Olímpicos de Berlín se había hecho a los deportistas antifascistas. Su primera acción fue la defensa del puerto de Somosierra, para cerrar el paso al general Mola.
Más tarde, se unió a la XI Brigada Internacional, donde llegó a ser comisario político. El primer encargo fue la defensa de la Ciudad Universitaria de Madrid. “Fue un combate terrible, cuerpo a cuerpo, edificio por edificio, escalera por escalera. Tirabas un tabique y te encontrabas con un moro de frente. El primero que tiraba era el que se salvaba. Pasamos mucho miedo”.

Luego vino la Batalla de Jarama, la de Brunete, la de Belchite, Teruel, el Ebro... hasta que los brigadistas internacionales recibieron orden de retirarse. En octubre de 1938, La Pasionaria les despedía en Barcelona: “Podéis marchar orgullosos. Vosotros sois la historia. Vosotros sois leyenda. Sois el heroico ejemplo de la solidaridad y de la universalidad de la democracia. No os olvidaremos”. En su dormitorio de Bayona, sobre el cabecero de la cama, Francos tenía un retrato de La Pasionaria, a la que decidió desobedecer aquel día. No quiso marcharse. Se unió a la 65ª Brigada de choque del Ejército republicano, y en marzo de 1939 terminó en el puerto de Alicante, la gran ratonera donde los perdedores de la guerra esperaban unos barcos extranjeros que nunca llegaron para evacuarles. Allí presenció los suicidios de compañeros que prefirieron quitarse la vida antes de caer prisioneros. A él lo enviaron a la cárcel de Portacelli, donde fue torturado, y después al campo de concentración de Miranda de Ebro del que se fugó y fue capturado de nuevo varias veces.
Las torturas fueron terribles. Vio cómo los franquistas cortaban la mano a muchos republicanos: “A ver cómo saludáis ahora con el puño cerrado”, recordaba que les decían. En 1940, gracias a la Cruz Roja, fue liberado. Pensaba que volvía a casa a descansar, pero volvía a otra guerra. Y decidió combatir de nuevo al fascismo. El 21 de junio de 1940 embarcó rumbo a Inglaterra para ingresar en la escuela de paracaidismo de Manchester. En 1942, le enviaron a Libia, donde tuvo que rematar a su mejor amigo, herido por una ráfaga de metralleta.
El 15 de septiembre de 1944 se lanzó en paracaídas sobre Arnhem, en Holanda, con otros 36 hombres. Cayeron prisioneros. Les llevaron a una fosa y dispararon. Esa es la bala que aún conservaba en el tórax. Todos le dieron por muerto. Su madre, a la que llevaba nueve años sin ver, ya iba de luto. Su prometida no había perdido la esperanza y ambos se casaron en Bayona en 1946. Ella murió hace unos años. Él hace unos días, con 98 años, una bala a escasos milímetros del corazón y un mal hábito: nunca dejó de fumar en pipa.
Tuve la suerte de vivir a escasos kilómetros de su casa en Baiona y pasar varias tardes en su compañía. Donde horas y horas de charlas, acompañados del humo de su pipa, enriquecieron mis conocimientos y mi ilusión por contar las historias de hombre y mujeres comprometidos como él.
El me dio su libro, "Un otoño para salvar Madrid", y me lo firmó, que guardo como oro en paño. Me daba vergüenza cogerlo, pero hoy siento y recuerdo ese momento con gran emoción. 
El día 2 de agosto, hubo un homenaje civil en Biarritz donde decenas de amigos, camaradas y familiares se reunieron con el eterno luchador. También estarían esos niños y niñas a los que Théo conoció en las escuelas que visitaba dando alguna charla sobre la guerra y sus experiencias, a los y las que adoraba. Y los poemas y dibujos que le dedicaron, llenarán para siempre los corazones de muchas generaciones.
Hasta siempre camarada, no te olvidaremos, amor y mucha, mucha fuerza.

http://bigbrowser.blog.lemonde.fr/2012/07/05/rip-les-trois-morts-de-theo-francos-combattant-anti-fasciste-et-enfant-du-siecle/

http://politica.elpais.com/politica/2012/07/05/actualidad/1341440604_744025.html

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